Sábado 9 de diciembre de 1989. Haro (Logroño). Con lágrimas
en los ojos, Jefferson Souza, joven de origen brasileño
pero afincado en EE UU, hacía una sorprendente confesión: "Yo
estoy en una posición muy difícil. Se espera que hable de determinadas
cosas y me es muy difícil hacerlo... pero tengo que hacerlo. Pienso que
ya basta de tantas historias, de tantos cuentos... Es hora de hablar de manipulaciones.
De manipulaciones de personas con personas, de gobiernos con personas...Yo no
sé si es el momento ni el lugar, pero yo un día tenía que
explotar".
Aquella jornada histórica se había iniciado horas antes. Cuando
yo llegué al hotel Los Agustinos, invitado al Primer Congreso de Parapsicología
y Ufología de la Rioja, Enrique de Vicente estaba esperándome
en el hall. Visiblemente excitado, más aún que de costumbre,
me acompañó a la habitación. "Casualmente" nos
habían colocado en la misma. Eso inquietó aún más
a Enrique, quien asegurando que tenía algo importantísimo que
decirme, se negaba a hacerlo en la habitación. "No podemos hablar
aquí, salgamos fuera...". Se iniciaba entonces para mí
una especie de película de espías y OVNIs absolutamente increíble.
Según me explicaba De Vicente, Jefferson Souza, sobre quienes varios
investigadores teníamos sospechas, se había derrumbado durante
la comida, confesándole a Enrique ser un agente de desinformación
adiestrado ufológicamente por la CIA.
Jefferson Souza había llegado por primera vez a España un año
antes, presentándose en Cataluña como contactado, y narrando su
increíble historia. Nadie podía imaginar entonces el peligro que
supondría para la ufología española meses más tarde,
y el inexplicable protagonismo que alcanzaría en el país. Pero
vayamos por partes.
Durante su conferencia-confesión en Haro, Souza entonaba un mea
culpa, excusándose por haber engañado y mentido a algunos
conocidos investigadores españoles, entregándoles información
"preparada" por sus superiores para que, así deformada, se
publicase y circulase entre los ufólogos españoles y europeos.
Su misión era la de construir las creencias que convenían sobre
los OVNIs.
Según Souza, las agencias de inteligencia eran conscientes del gran
valor sociológico que el mito extraterrestre tiene en la sociedad occidental,
y había descubierto su valor potencial para manipular a masas de individuos
creyentes en los OVNIs.
Aquella noche, después de la cena y de la entrega de los Premios
Paracelso, y tras conseguir despistarnos del resto de los ponentes y comensales,
Jefferson Souza, Enrique de Vicente y yo, nos reunimos en una discreta sala
del hotel con la intención de profundizar en las revolucionarias afirmaciones
del americano-brasileño. Durante casi cinco horas, Enrique y yo (más
tarde se nos uniría Sinesio Darnell) pudimos bombardear
a preguntas a Souza sobre quién le pagaba, qué información
debía distribuir, etc. Todo está grabado.
Jefferson afirmaba haber acudido a Haro, en este segundo viaje a España,
con la intención de "reclutar" a algunos investigadores españoles
(De Vicente y yo, entre ellos) para participar en esta mascarada. En mi caso,
ésta era ya la tercera vez que alguien intentaba sobornarme para cometer
un fraude ufológico. Yo jamás acepté estas proposiciones,
pero sé que otros lo han hecho; de ahí mi escepticismo en muchos
aspectos del fenómeno OVNI. Si la información que barajamos es
falsa, las conclusiones originadas por ella jamás podrán obedecer
a la verdad.
Según decía Souza, siendo un niño había sido abducido
y sometido a un implante. Más tarde descubrió que sus captores
no eran alienígenas, sino militares norteamericanos, y que él,
como muchos otros niños brasileños había sido utilizado
como "conejo de indias". Siempre según su relato, años
después fue "reclutado" por la CIA y trasladó su domicilio
a USA. Allí, al igual que el personaje de Bases de OVNIs en la tierra,
fue instruído para introducirse en el mundo de la ufología y actuar
como agente de intoxicación. Sabiendo que la mayoría de los autores
no investigan, sino que se limitan a publicar refritos de otras fuentes, basta
introducir un dato en una publicación o conferencia, etc, para que otros
divulgadores la retomen y la reproduzcan constantemente, siendo enriquecida
y distorsionada con el paso del tiempo. Es lo que yo llamo el efecto "bola
de nieve".
Según aseguraba Souza, algunas abducciones eran experiencias totalmente
reales y físicas, pero los raptores no son extraterrestres, sino científicos
norteamericanos que usan los cerebros de los abducidos como laboratorio. Los
implantes -afirma Jefferson- son de tecnología japonesa extremadamente
sofisticada y actúan creando un vínculo terrible entre el abducido
y sus captores, como descubrió casualmente Paul Benewitz.
Por otro lado, el supuesto ex ufólogo a sueldo nos habló del
Proyecto Némesis, un hipotético experimento psicosocial
consistente en crear grupos de disciplinados "soldados" reclutados
a través de hipotéticos contactados. Souza afirmaba que las agencias
de inteligencia americanas hacía muchos años que fabricaban "platillos
volantes" (en eso no mentía) y que los habían utilizado en
una particular misión. Una vez seleccionado un personaje de gran carisma
natural, se le convencía de haber contactado con alienígenas,
lo cual es sumamente fácil cuando se tiene esa tecnología. Si
un "platillo volante" aterriza en el patio de tu casa, y un individuo
de dos metros sale del interior y le dice que es extraterrestre, lo más
probable es que le creas a pie juntillas.
Una vez hecho esto, el "contactado fabricado" entregaría
su vida a la trascendente misión de difundir los mensajes de los "Hermanos
del Cosmos". El Proyecto Némesis se encargaría de
apoyar al contactado facilitándole todas las pruebas necesarias: avistamientos
-previa cita de sus "platillos volantes"-, fotos, filmaciones, algún
mineral extraño (debidamente manipulado en los laboratorios siderúrgicos
de la CIA), etc. Souza mencionaba casos como el de Billy Meir,
como ejemplo del Proyecto Némesis.
Realmente, las afirmaciones de Souza eran increíbles, y el vértigo
de la conversación, agotador. Todo lo que alguien pudiese creer sobre
el fenómeno OVNI era demolido en aquella conversación. Pero Souza
continuaba mintiendo y, de haber sido realmente un intoxicador gubernamental,
al verse descubierto por De Vicente, no había dejado su papel, sino que
lo había disfrazado de arrepentimiento. Los sucesos que tuvieron lugar
en los días sucesivos demostraron que, fuese lo que fuese, Jefferson
Souza mentía como un bellaco, y su destructiva actuación en España
no tenía buenas intenciones.
Dos días después, el lunes 11, yo pensaba viajar a la montaña
de Montserrat (Barcelona) para continuar la investigación que venía
realizando sobre los contactos OVNI con Luis José Grifol.
Pero antes, aprovechando el ofrecimiento de unos amigos de llevarme, quería
visitar Desojo, un pequeño pueblo navarro donde se emplazaba otro grupo
de contacto: Adonai. Cuando comenté mis planes, Souza se mostró
extremadamente interesado en acompañarme para conocer a estos contactados.
Tendría, pues, durante las siguientes 48 horas, oportunidad de interrogar
a fondo a Souza.
Así pues, al día siguiente salíamos juntos hacia Desojo
en el coche de ese matrimonio amigo. Ellos nos dejarían a Jefferson y
a mí en la estación de ferrocarril de Logroño.
Cuando, ya bien entrada la noche, los cuatro nos despedimos de Lice
Moreno, líder de Adonai (quien, por cierto, no se había
dejado seducir por Souza), protagonizamos una anécdota significativa,
entre las muchas que se produjeron en el viaje.
Apenas habíamos recorrido unos kilómetros cuando Jefferson llamó
nuestra atención: "¿Os habéis fijado que hace
un rato que nos sigue ese coche?". La verdad es que, por mucho que
nuestro conductor acelerase o redujese, este vehículo seguía detrás
de nosotros. La tensión llegó a tal extremo que, en algún
punto de la carretera entre Desojo y Logroño, nuestro conductor dio un
volantazo sacando el coche de la carretera. Entre la polvareda vimos que el
otro vehículo aceleraba, perdiéndose en la noche. Al menos durante
un rato...
Souza sabía, y sabe (aquí es donde quiero llegar) utilizar a
las personas y estimular sus emociones en su beneficio. Sin embargo, no deja
de ser curioso que cuando llegamos a Logroño, pasada la medianoche, se
produjo otra "anécdota".
Visiblemente inquietos, mis amigos nos dejaron en la estación de ferrocarril
y continuaron camino hacia su casa. La estación estaba desierta. No había
absolutamente nadie. El tren no pasaba hasta la 1:30 de la madrugada, así
que sugerí a Jefferson que me esperase en la estación con las
maletas mientras yo buscaba algún bar donde comprar algo de comer y de
beber, porque todavía no habíamos cenado.
Salí de la estación y tardé un rato en volver. Cuando
regresé, me sorprendió encontrar a Jefferson hablando animadamente
con alguien. Estaban sentados de espaldas y no me vieron llegar. Cuando estaba
a un par de metros, Souza me descubrió, pero yo había podido escuchar
que estaban hablando en inglés. El otro individuo, un joven vestido de
manera informal, se disculpó y se marchó. Jefferson me comentó:
"Qué coincidencia ¿verdad?, otro americano aquí...".
Sí, la verdad es que era una casualidad encontrar a otro americano en
la estación de tren de Logroño a la 1:30 de la mañana...
Al día siguiente nos despedimos en la estación de Sants. Aunque
deberíamos vernos esa noche en Montserrat. Y allí vería,
por primera vez, un ejemplo de la hábil manipulación de Souza
con los contactados. En la montaña organizó ya el "show"
y consiguió dividir a los fieles seguidores de José Luis Grifol
en dos bandos, uno de los cuales lideraba, obviamente el mismo Souza. Aquel
meteórico protagonismo me hizo intuir sus intenciones.
Requeriría mucho espacio desmenuzar las andanzas de Souza por España,
pero en sólo unos días había sido entrevistado en programas
de TV y radio, así como en semanarios nacionales.
Fui testigo de su empeño de enemistar a investigadores, contando mentiras
de uno a otro; dividió grupos de contacto consolidados hace años
erigiéndose en líder... Era alucinante su rapidez en captar adeptos,
y el secreto era sencillo: sabía dar a cada cual lo que quería.
Dada la gravedad que revestía el asunto, y después de entrevistarse
con investigadores como Antonio Ribera, Andreas Faber
Kaiser, etc, que habían conocido a Souza en su anterior viaje
a España, convocamos una reunión en Tarrasa el 15 de diciembre.
Allí, Javier Sierra, Josep Guijarro,
componentes de AFK, de UNIFA, etc, debatimos durante ocho horas el problema
Souza. La conclusión es que, realmente podría tratarse de un intoxicador
actuando para alguna asociación no identificada (que igual podría
ser la CIA que un grupo de escépticos profesionales).
Mientras tanto, su apariencia inocente y su origen yanki habían conseguido
que, en unos pocos días, hubiese dado una conferencia y organizado tres
grupos de seguidores en varias poblaciones catalanas. Sin embargo, con sus grupos
se comportaba de una forma y, fuera de ellos, de otra. Lo que él no podía
prever es que yo estaba recopilando todas las grabaciones de sus intervenciones
en radio y TV de sus conferencias, e incluso de sus reuniones privadas. En total,
más de una docena de horas de grabación que, una vez contrastadas,
evidencian sus elaboradas mentiras.
El día 13 de diciembre, por mediación de Enrique de Vicente,
que aún estaba conmocionado por la confesión de Souza, se grababa
una entrevista a Jefferson para emitirla en el programa Espacio en Blanco,
a condición de que fuera radiada una semana después. Esto debería
dar tiempo a nuestro personaje para salir del país y recuperar su archivo.
La entrevista se emitió el día 23, y en ella el "intoxicador"
decía cosas como : "Quiero dejar bien claro que yo hablo por
este micrófono por mi libre voluntad, y me desarraigo de cualquier compromiso
adquirido anteriormente. Hay unas fotografías que son microfilmes
en mi archivo, y creo que es la salvaguarda que yo tengo. Espero que emitan
este programa por lo menos el día 20, que me dará tiempo a tenerlo
en mis manos. Mi archivo es lo único que me salva... hay copias de sueldos,
pagos... La CIA no perdona..."
Sin embargo, en una conferencia que daba paralelamente en San Félix
de Codines, creaba un nuevo grupo de trabajo llamado ADN que, según
sus propias palabras, estaría respaldado por dos universidades americanas:
"Nosotros tenemos dos universidades entre nosotros, siendo una de ellas
la Universidad de Los Angeles, a través de unos amigos personales míos
que, por medio de la división de parapsicología, colaborará
con nosotros. Por tanto, tendremos apoyo académico". Y digo
yo ¿cómo demonios un pretendido ex agente de la CIA, perseguido
por asesinos a sueldo, va a trabajar tranquilamente con una universidad de la
propia CIA?
Durante casi seis meses, estuve investigando a Souza y descubrí que
estaba realizando similares "chanchullos" en otros países,
como Francia, Brasil, Argentina o USA, donde eran ya famosas sus turbias actividades
como, por ejemplo, la Misión Vega, que llevó a cabo en
Nueva York dañando psicológicamente a varios contactados. En una
carta fechada el 18 de diciembre de 1989, la investigadora Mónica
Williams lo definía de forma muy acertada: "Souza no
es agua clara".
Lo que, sin embargo, nadie sabía es de dónde sacaba el dinero
para los increíbles viajes que hacía por todo el mundo. En una
semana podía visitar España, México, Alemania y USA, sin
que nadie le conociese oficio alguno. Aunque, también debo decirlo, trabajó
como "sanador" en Cataluña durante un tiempo... Al parecer,
como buen abducido, los extraterrestres le habían desarrollado su nivel
vibracional...
En el colmo del absurdo, Jefferson Souza aparecía reseñado en
el catálogo de productos de UFO Library. En una selección de grabaciones
magnetofónicas, de conferencias de grandes contactados, como Sixto
Paz, Edward Meier, George Adamski, Benjamin
Creme, etc, aparecía el contactado Jefferson Souza. Y, al mismo
tiempo, en el núm. 297 del MUFON UFO Journal (la revista publicada
por la organización ufológica más importante del mundo),
Walter Andrus nombraba a J. Souza como el director de MUFON
en España...
En cuanto reuní algunas de estas pruebas, decidí denunciar públicamente
las actividades de Souza, y así lo hice en un reportaje publicado en
la revista Karma-7 y en una emisión del programa de radio El
Gran Sabbat, el mismo que utilizara el propio Souza.
Sin embargo, dos años después Jefferson volvió a actuar
en España. En una serie de cartas que pude interceptar, se puede ver
claramente que en agosto del 92, nuestro personaje volvía a la carga.
En esta ocasión Souza intentaba contactar con grupos de investigadores
jóvenes, pero muy prometedores, actuando más en la sombra. En
una carta del momento, el muy sinvergüenza decía "Disculpe
el malo español, todavía lo estoy aprendiendo", cuando
dos años antes lo hablaba perfectamente.
En otra sustanciosa carta dirigida al grupo ANJOMA (tres jóvenes amigos
apasionados por el misterio) de Cádiz, y fechada en septiembre del 92,
Souza decía cosas como: "Yo trabajé en NSA (Nacional
Security Agency). Sí, recibí directamente instrucciones para
ofrecer una propuesta de empleo a Mr. Enrique de Vicente, distribuir información
falsa sobre un inexistente proyecto llamado Majestic. Mi viaje tenía
tres rumbos: Barcelona, País Vasco y La Rioja. Debí contactar
unidades "X" en un gran grupo ufológico en Madrid y unidades
"Y" en Galicia ...en Haro debería hacer una ponencia sobre
el Majestic. Yo cargo muchas cosas en mi conciencia, y me acuerdo de que, al
hablar con Mr. Enrique de Vicente, varios pensamientos se me vinieron como ¡Basta
de engaños! ¡Él es un estudioso serio que hace lo que mejor
puede en su país!
Mismo así, sí le hice la propuesta (esta era mi primordial
misión), la cual rechazó, lógicamente. Fue (yo) visitado
por agentes armados más tarde, después de una larga charla con
Mr. de Vicente, Mr. Carballal, Mr. Darnell... A mi retorno a América,
fuí severamente castigado (incluso físicamente). Y el episodio
de Radio Barcelona fue el primero de muchas inquisiciones y crucificaciones
del nombre de Jefferson de Souza, que aquí, gracias a la ayuda de NSA,
soy sinónimo de agente de la CIA o maestro de la Desinformación.
De Vicente, Carballal, Sierra, Guijarro, antes aliados míos (o por lo
menos yo así lo pensaba), se vuelven en mi contra por presiones de otras
personas en falso testimonio o afirmaciones mías que el NSA me obligó
a hacer..."
Resulta absolutamente imposible saber hasta dónde miente Jefferson
Souza y cuándo empieza a decir la verdad. No se puede afirmar categóricamente
que sea un instrumento de intoxicación de las agencias de inteligencia
americana, de alguna organización privada, o que estemos ante un infantil
fabulador, pero su caso ha supuesto un excelente ejemplo de hasta qué
punto es manipulable el fenómeno OVNI. Sobre todo, el affaire
Souza es una seria invitación a la prudencia y al sentido crítico,
porque de lo contrario, somos fácil presa para los engaños y fraudes
más sorprendentes que podamos imaginar, y el riesgo es grande. Nos jugamos
nuestra cordura y nuestra libertad.
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