A fines de junio, la experta suiza en telas Mechthild Flury-Lemberg
llegó hasta la Catedral de Turín (Italia) para restaurar uno de
los mayores tesoros de la fe cristiana: el Santo Sudario, una mortaja que contendría
la imagen del cuerpo de Jesús tras ser retirado de la cruz. En el procedimiento
-cuyos resultados acaban de ser oficialmente revelados por los custodios de
la reliquia-, fueron removidos 30 parches triangulares añadidos en 1532
por las monjas clarisas de Chambery (Francia) para cubrir los daños de
un incendio. Además, revisaron todas las costuras con el fin de que el
Sudario permanezca extendido durante el mayor tiempo posible. El trabajo también
incluyó el escaneo digital del lienzo y la toma de fotografías.
Según los protectores del Sudario -encabezados por Severino
Poletto, cardenal de Turín-, los análisis estaban autorizados
por el Vaticano y pretendían documentar y preservar el lienzo. Uno de
los argumentos esgrimidos para justificar el insólito secreto que rodeó
a la operación, fue el temor de que tras los atentados del 11 de septiembre,
el Sudario pudiera ser un nuevo objetivo terrorista. Pese a la cautela, en agosto
pasado algunos detalles se filtraron y no tardaron en enfurecer a numerosos
expertos, quienes criticaron la decisión de manipular la tela sin consultar
a asociaciones científicas externas.
De acuerdo al Collegamento pro Sindone -un grupo que reúne a arqueólogos,
químicos e historiadores, entre otros especialistas-, al retirar los
parches también se quitó el polvo y otras materiales que se habían
acumulado a través de los siglos. Los investigadores enviaron una carta
al Papa Juan Pablo II donde afirman que esta labor eliminó
importantes partículas microscópicas de polen de plantas que hoy
crecen en Jerusalén y otros elementos cuyo análisis habría
ayudado a concluir si el lienzo data de la época en que Cristo murió.
Una discusión eterna
Sue Benford, directora ejecutiva de una asociación biomédica
estadounidense, y Joseph Marino, sacerdote católico,
son dos reconocidos expertos en sindonología (estudio del Sudario de
Turín). Ambos dijeron a La Tercera que "aunque el terrorismo
siempre es una preocupación y es más fácil organizar a
un pequeño puñado de expertos que a un grupo más grande,
el Sudario es demasiado importante para que unas pocas personas realicen operaciones
en él. Especialmente cuando hay docenas de científicos que podrían
haber aportado su experiencia".
Los expertos agregaron que si bien "el Sudario es propiedad del Vaticano,
le pertenece a todo el mundo. Es increíble que ninguno de los científicos
del Proyecto de Investigación del Sudario de Turín de 1978, responsable
de gran parte del conocimiento moderno del lienzo, fuera consultado".
Barrie Schwortz, fotógrafo oficial del mencionado grupo,
señaló a La
Tercera que concuerda con esta última opinión, pero agrega
que él mismo recibió reportes desde Italia señalando que
"los conservadores fueron muy cuidadosos para remover una mínima
cantidad de material, en su mayoría desechos. Además, documentaron
y archivaron todos los elementos".
Schwortz comenta que según sus observaciones, tras la remoción
de los parches y las áreas carbonizadas "la principal diferencia
es la apariencia más limpia de la tela. ¿Esta intervención
era necesaria para su preservación?. Creo que era importante, pero la
falta de consulta a los expertos y la prisa por hacer las pruebas fue lo que
generó este problema de relaciones públicas".
Benford y Marino afirman que el debate revela la complejidad del estudio del
Sudario: "No creemos que la ciencia llegue a probar más allá
de cualquier duda que el Sudario cubrió a Jesús. No tenemos su
sangre original ni registros dentales para comparar, así que siempre
existe la posibilidad matemática que el lienzo sea de alguien más".
Reproducido de: Terra
Chile, Noticias
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